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| Sin trabajadores indocumentados, granjeros no la hacen |
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Traducido por Elizabeth Purcell, La Comunidad News
John Rosenow recuerda cuando la agricultura era un negocio local. Cuando la familia necesitaba ayuda, contrataban trabajadores de la comunidad, gente conocida.
En los años 90s, eso comenzó a cambiar. “la mayoría de la gente prefería hacer cualquier cosa en vez de trabajar en una granja” dice Rosenow, dueño de una granja de cinco generaciones con 550 vacas de leche en Buffalo County. “Hay un estigma relacionado con el trabajo en una granja- siempre es un trabajo de clase social lo más bajo. Es trabajo manual sucio que huele mal donde hace frío y hace calor.” Rosenow sigue contratando trabajadores locales cuando puede, pero, dice “nuestra sociedad está cambiando mucho. Aun aquí en la granja, ha cambiado de agrario a rural, de rural a residencial.” En 1998, cuando Rosenow estaba desesperado por ayuda, vio un anuncio en una revista de Amigos Inc. en Dallas, Texas. Por $350, la empresa ofreció proveer un ranchero. Rosenow envió el dinero y pocos días después llegó en autobús un mexicano que se llamaba Manuel. Manuel trabajaba duro, 10 horas por día, se negaba tomar días feriados, porque no tenía nada mas que trabajar. Pero se sintió solo y volvió a su tierra con su familia 54 días después. Entonces Rosenow decidió contratar dos trabajadores emigrantes, con las esperanzas de que se hicieran compañía. Hoy, 9 de los 20 trabajadores de Rosenow son inmigrantes de México. No podría sobrevivir sin ellos. Hay que ordeñar sus vacas varias veces por día, 365 días al año. Por eso necesita ayuda de confianza, y eso significa que hay que contratar inmigrantes, muchas veces sin documentos. “Hay una larga lista de trabajos que los estadounidenses no prefieren hacer,” dice Rosenow. “Son educados y por eso no quieren hacer estos trabajos. En los últimos 100 años, han sido inmigrantes quienes han ocupado los trabajos que la gente no quiere hacer.” Añade “El sistema de alimentos es dependiente totalmente del trabajo del inmigrante.” Eso ha sido la verdad por mucho tiempo en granjas de frutas y verduras, porque dependían de trabajadores inmigrantes temporales para la cosecha pero este fenómeno es relativamente nuevo en las lecherías. Las lecherías dependen más y más de la labor de los inmigrantes, y muchos están aquí ilegalmente. Entre los inmigrantes, los trabajos en lecherías son los más preferidos. Pagan mejor por el duro trabajo todo el año, así no tienen que moverse con su familia de un lugar a otro durante la temporada de verano e invierno. Mientras el debate sobre inmigración sigue creciendo dentro la nación- con algunos estados que quieren imponer leyes de inmigración- el hecho es que entre los farmers y trabajadores imigrantes se necesitan mutuamente. De los 12,000 trabajadores contratados en lecherías de Wisconsin, casi 40% son inmigrantes, según el profesor adjunto de UW-Madison, Jill Harrison, quien ha escrito varios estudios acerca del trabajo de los inmigrantes en la industria de la leche. La dependencia de los trabajadores inmigrantes crece según el tamaño de la granja. La mayoría de trabajadores inmigrantes - 88.5% - vienen de México, mientras el resto viene de Centro y Sur América. “Si se realiza una investigación (contra estos trabajadores), la industria de la leche tendría que enfrentar grandes dificultades,” dice Harrison. “Hay que ordeñar las vacas varias veces por día.”
Obtener una educación
Alfonso Zepeda-Capistran trabaja en un caso que le dio un profesor: En el centro de Markesan, unas 50 millas al nor-este de Madison, alguien vio una familia Latina. El padre trabaja en una lechería. Alfonso Zepeda-Capistran no siempre tiene una dirección “a veces trabajo de detective” mientras busca familias latinas en todo el estado. Zepeda-Capistran no trabaja con la policía o con inmigración, sino con el Departamento de Instrucción Publica. Su trabajo es averiguar si los hijos de las familias inmigrantes, quienes se mudan frecuentemente, tienen acceso a escuelas. “Una preocupación que tengo es el impacto que tiene la frecuencia de las mudanzas en el progreso de su educación,” dijo Zepeda-Capistran, añadiendo que esto es mas aparente mientras los niños van creciendo. “Tiene mucho impacto en sus niveles de lectura. También en el aprendizaje de las matemáticas.” Hoy en la cuidad de Markesan, tiene la dirección de la familia, que vive en un edificio de condiciones pobres, pero le lleva tiempo en encontrar el apartamento exacto donde vive la familia. Toca varias veces la puerta antes de que una mujer abra la puerta con cuidado. Zepeda-Capistran explica en español que está, el ahí para averiguar si su hija- una joven que acaba de comenzar la escuela- necesita ayuda. La mujer parece que está un poco nerviosa, pero le deja entrar con el reportero. Todos se sientan en la cocina y Zepeda-Capistran pregunta a la madre cuánto tiempo vive ahí, donde trabaja su esposo, y a qué escuela va su hija. Mientras pasa eso, la niña pequeña, que tiene unos 5 años, esta andando por la cocina. En un instante saca un baso del estante y el vaso se cae y se rompe. La niña se pone a llorar pero la madre la tranquiliza y Zepeda-Capistran la abraza. Zepeda-Capistran pasa su tiempo ayudando a estudiantes que se mudan a Wisconsin durante el año escolar y muchos de ellos se mudan en la mitad del año siguiente. Trabajando con escuelas ayuda a los estudiantes a matricularse en clases, conseguir ayuda o matricular en clases de verano. La meta es ayudarles a graduarse. No pregunta si están aquí legalmente- de esto no se preocupa la escuela. Su preocupación es asegurarse que los niños están en la escuela obteniendo una educación. Después de un tiempo Zepeda-Capistran empieza a hacer preguntas en ingles a la niña, probando su nivel de ingles. “¿Te gusta leer?” Si. “¿Te gustan los libros?” No. “¿Vas a la biblioteca?” Si. “¿Que haces en la biblioteca?” “¿Me entiendes?” Ella dice que sí, pero no es claro, si realmente entiende. Zepeda-Capistran deja su tarjeta y le da a la mujer folletos de un programa de la universidad en Madison que ella y su esposo podrían usar para obtener un diploma. La mujer le pide que traduzca una letra de la escuela., Explica donde las familias pueden llevar periódicos, jarras y botellas para reciclaje. Zepeda-Capistran podría ofrecerles más asistencia, como ayudar a averiguar si la niña estaba tomando clases en la escuela correcta. Podría ayudarles a encontrar programas que ofrecen instrucción de inglés como segundo idioma o clases particulares. Pero estos programas sólo son disponibles para trabajadores inmigrantes y esta familia no lo es. El esposo de la mujer ha trabajado en una lechería por mucho tiempo. “Podría haberlos ayudado hace 3 años” explica Zepeda-Capistran. “No puedo ayudar a familias que trabajan en lecherías por más de 2 meses.” Es duro, porque familias inmigrantes que trabajan en lecherías afrontan los mismos problemas que afrontan trabajadores de otras granjas. Pero típicamente trabajadores de lecherías no son calificados para asistencia escolar. Primavera y verano son meses muy ocupados para Zepeda-Capistran, porque más familias inmigrantes se mudan a la zona para trabajar en granjas. Pasa la mayoría del verano ayudando a integrar familias latinas, especialmente en campamentos de inmigrantes. Algunas familias han llegado a confiar en Zepeda-Capistran y llamarle cuando necesitan ayuda, aun después de que sus hijos se han graduado. Pero otras están susceptibles y tienen miedo. Pero rara vez llama antes para arreglar una cita.... Muchas veces cuando voy a la casa no me abren la puerta.
Bajo el radar: Jim Harrison sabe que encontrar información sobre inmigrantes- quien vive aquí, donde viven, que necesitan, como sobreviven- no es algo fácil. “Es difícil entender estas cosas porque mucha gente vive bajo en radar,” dice. Pero en sus estudios con varios estudiantes de postgrado, Harrison ha podido aprender mucho sobre trabajadores inmigrantes de lecherías en Wisconsin. La edad promedio de trabajadores inmigrantes de lecherías es 29.5. La mayoría -91.5%- son varones. 63% están casados, y de este porcentaje, 86.5% viven con sus esposas en Wisconsin. 68% tienen hijos, la mayoría viven con sus padres. “Hemos conocido a trabajadores quienes han comprado casas aquí, aun sin estatus legal, y quienes han inscrito sus hijos en la escuela, están realmente ESTABLISHING ROOTS” dice Harrison. A pesar del estereotipo, muchos inmigrantes son educados, y otros siguen su educación aquí. Muchos están aquí por razones económicas. “No quería venir aquí. Quería estudiar, pero no hay dinero,” explico un trabajador mexicano de 23 años que vino a los Estados Unidos cuando tenía 17 años. No tenía nada en México. Éramos muy pobres, mis padres y ocho hermanos.” “El joven hombre contó la historia de su decisión de inmigrar: “El motivo por el que vine aquí es muy gracioso. Estaba con una chica en su quinceañera, y en México es una costumbre vender rosas a las parejas, pero no tenía suficiente plata para comprarle una rosa. Por eso decidí venir. No había donde conseguir la plata. Entonces dije a mis hermanos, 'Saben que, me voy. '' Un hombre de Nicaragua dijo “Nací en 1975, cuando empezó la guerra, en el campo de Jinotega, mitad café, mitad animales. En 1977, el ejercito vino y se comieron 10 vacas de mi padre; en la guerra perdimos todo, me acuerdo las bombas de cuando tenía 5 años…Nos teníamos que ir. Fuimos a Honduras. Vivimos en un campo de refugiados. En 1993, volvimos [a Nicaragua] sin nada, ninguna casa, ningún animal. La selva había crecido por todas partes y estaba minada la tierra. Una mina mató a un tío mío.” Los investigadores han encontrado que aunque muchos inmigrantes esperan volver a su patria algún día, a otros les gustaría quedarse. “A algunos trabajadores les gusta mucho su trabajo” Dice Harrison y los que ponen énfasis en esto tienen la oportunidad de avanzar en su trabajo. Realmente, es la única opción en grandes granjas. Estos trabajadores están dispuestos a trabaja por un salario bajo en puestos de nivel principiante por años y años. Estadísticas de la cantidad de trabajadores inmigrantes que están aquí ilegalmente son difíciles de encontrar. Según Harrison, el gobierno federal piensa que 50% de trabajadores inmigrantes en agricultura están en los EEUU indo- cumentados. Para trabajadores inmigrantes es casi imposible inmigrar a los EEUU legalmente. Esta oportunidad solo es disponible para personas con educación muy avanzada y puestos de empleo ya ofrecidos. Un mexicano dijo a los investigadores “intentamos encontrar la manera correcta de venir. Preguntamos cómo conseguir un permiso pero no es posible. Te dicen que tienes que tener una cuenta bancaria y por cuanto tiempo, pero no tenemos dinero, y es por eso que venimos. Otro requisito que te piden es que tengas una propiedad a tu nombre. Como voy a tener una propiedad “sino tengo nada.” “La única manera de que los trabajadores de granjas pueden venir a los EEUU legalmente es con una visa temporal H-ZA, la cual no está disponible para trabajadores de las lecherías porque tienen que trabajar por todo el año.
Odiando la palabra “ilegal” En 2001, un profesor de español, Shaun Duvall, fundo Puentes/Bridges, un programa PROMOTE CULTURAL UNDERSTNADING que organiza viajes para trabajadores de granjas a México. Rosoenow, es trabajador de la lechería en Buffalo County e hizo uno de estos viajes. “Soy un granjero muy típico. Crecí viviendo en una granja,” dice. “Para mí, viajar a un país en desarrollo, sería estúpido hacerlo.” Pero en vez de eso dije “cambio mi actitud hacia la vida.” Ha vuelto varias veces y esta mejorando su español -solo un par de sus empleados- está aprendiendo español. Los viajes a México te abren los ojos. Rosenow llegó a entender la cultura y la vida de sus empleados. “Ahora entiendo porque a veces cuando les doy algo que hacer me dicen “sí” y después se van a hacer otra cosa,” dice. “Una vez que aprendí los estereotipos que ellos tienen de nosotros, me di cuenta qué era lo más seguro hacer.” Eso es lo que Duvall esperaba que pasara. Trabaja con unas 50 granjas en Wisconsin, Minnesota e Indiana. Ella dice que los granjeros que conoce se convierten en los mejores defensores. Ha oído historias de algunos granjeros que han abusado de sus empleados, pero dice que “no pasa” en las granjas en las que trabaja ella. Para Rosenow, ayudar a sus empleados es parte de ser un buen jefe. “Si vas a ser un buen jefe hay que entender los deseos y necesidades de tus empleados,” explica. “Yo quiero ser un buen jefe entonces quiero saber de estas cosas.” Ahora es apasionado por los derechos de los inmigrantes. “Odio las palabras ILLEGAL ALIEN,” dice. “Para mí es como THEN-WORD.” Añade que muchas veces maneja más rápido que el límite de velocidad en las rutas, pero eso no significa que él mismo es ilegal. “Eso no significa que soy un ciudadano que ha hecho algo que es ilegal.” Aun sigue preocupado por lo que podría llegar a pasar si vienen oficiales de inmigración algún día. “Me preocupo por eso más que nada. No tendriamos nada si no tuviéranos empleados,” dice Rosenow. “Nuestros empleados son muy valiosos.” Hace unos años, Rosenow habló con sus compañeros si debe ser honesto en contratar inmigrantes o no. “Nuestro entender de este país es que hay que luchar para cambiar,” dice. “Lo debemos a nuestros empleados, creo que ya estamos avanzando.” Desde entonces ha estado publicando reportajes en varios medios sobre el asunto, y oficiales de inmigración no vinieron a buscarla todavía. Según Rosenow, una investigación profunda de labor de inmigración sería terrible para las granjas, pero realmente no serviría para nada. “La idea de conseguir unos 10 millones de personas y mandarlos de vuelta a sus países es absurdo,” dice. “Nunca podría encontrarlos a todos. La economía se hundiría. Hay que tener un proceso, sería terrible para el sistema.” Según los estudios de Harrison no ha surgido ninguna redada de granjas en Wisconsin, pero han ocurrido en otros estados. Pero los inmigrantes con los que Harrison hablo (con la garantía de que no se revelen sus nombres y lugares donde viven. Pero ellos siguen viviendo con miedo. “Hay gente que no sale de la casa solo para ir al trabajo o ir al supermercado una vez por mes,” dice. “No se quejan cuando su pago está atrasado o si son abusados.” Harrison observa que aunque los americanos están preocupados más y más sobre lo que comen y como sus comidas están preparadas, no se preocupan mucho por las condiciones de trabajo de los que preparan la comida. “Hay mucha compasión para la lucha de granjeros,”. Pero se pasa por alto las condiciones laborales”
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