Consejo, vida y esperanza: Vayamos a la fuente de la paz PDF Print E-mail

POR LA DRA. JEANNETTE QUESADA DE SIERRA          Actualización: 4 de febrero de 2010   

Vivimos en un mundo inundado de violencia, destrucción,  guerras, muerte,  división, engaño, deuda, enfermedad;  un mundo que se está  hundiendo en pozos de desesperación,  corrupción y pecado, un mundo que gime y clama  por justicia y  paz. Ante este clamor, Dios nos da buenas nuevas de salvación, de paz y esperanza por un mundo mejor.

El nos dice: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” -Juan 16.33-. Sí, podemos confiar,   Cristo venció, El ya nos dió la victoria que nos trajo la paz, ahora nos toca a nosotros tomar la decisión de activar o no esa victoria.  

¿Cómo hacemos efectiva  la paz que Jesucristo conquistó para nosotros? Para lograrlo, Dios nos muestra un camino precioso, vivo, único,  lleno de luz,  que nos lleva a la fuente de la paz.;  un camino diferente a las salidas temporales que el mundo nos da, ese camino es Jesucristo nuestro Salvador, Redentor y Dios. Todos los seres humanos, sin excepción, tenemos la oportunidad de acudir a esta  fuente y llenarnos de  paz y  vida abundante y eterna. Por tanto, buscar la paz es buscar a Jesús, El es la puerta, el camino, la verdad y la vida. El vino para  rescatar a todo aquel que ha perdido la paz, que se siente oprimido, en conflicto, en guerra interior, en batalla con personas que le rodean, en tinieblas,  en valles tenebrosos de oscuridad  y de muerte.  Cristo nos  dejó una maravillosa herencia;   para recibirla y vivir en  Su paz, debemos estar unidos con El en una fe activa,  creyendo en El como nuestro Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros, que venció el mundo de maldad a través de Su muerte y resurrección,  que  se llevó en la cruz  todas nuestras aflicciones y conflictos, dándonos vida  eterna.  Al creer, abrir la puerta de nuestro corazón   y  confesar a Jesucristo como nuestro Dios y Salvador, somos cubiertos con Su santa sangre,  redimidos,  rescatados,  y  trasladados  del reino de las tinieblas, al Reino de Dios.  El nos saca de la vida de pecado, conflicto y muerte y nos introduce en Su camino de justicia, gozo y paz. El nos guía a través de Su Santo Espíritu  y nos ayuda a renovar cada día nuestra vida a través de la Palabra de Dios, y a vivir en paz aún en medio de la más fuerte tormenta. 

Al ser justificados por la fe,  andar en obediencia a sus mandamientos,  y pedirle al  Espíritu Santo  que cada día tome control de nuestras vidas y nos guíe a toda verdad, entonces,  por medio de El,  vencemos sobre las tinieblas, sobre nuestra vana manera de vivir y recibimos el fruto de Su paz en nuestros corazones. Es a través del Espíritu Santo que podemos tener una  relación personal y de constante búsqueda de la Presencia de Dios  que nos ilumina, nos da la certeza de que Dios está en control y de que todo lo que nos sucede Dios lo tornará  en  una hermosa bendición, así, al mantenemos firmes en la fe, en Su Palabra, el Espíritu Santo activa en nosotros Su paz, “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz”- ROM 8:6

La paz que Dios nos da es  diferente a la paz que el mundo ofrece.  En el mundo se tiene  paz pasajera, dependiendo del momento, de la circunstancia, es una paz que sólo surge  cuando las necesidades están satisfechas o los conflictos se han resuelto. En Jesucristo la  paz  viene  por fe, de nuestra relación personal y diaria con el “Pacificador”,  “El Príncipe de Paz”, por eso, aunque estemos atravesando por serias batallas y pruebas, nuestro corazón puede estar tranquilo, reposado, confiado, porque vivimos creyéndole a Dios, sabiendo con certeza que con Jesús podemos saltar sobre los problemas, sin hundirnos con ellos, que con Jesús somos más que vencedores. Jesús nos dice:¶ “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

Por ejemplo, en el momento de ocurrir el accidente automovilístico que me dejó cuadripléjica, el Espíritu Santo me ayudó a orar, a clamar a Dios, El me escuchó, Su Presencia me cubrió inmediatamente como un escudo de luz alrededor mío y una paz que yo no era capaz de generar, que envolvía mis pensamientos y emociones,  inundó mi vida y protegió mi corazón, y a pesar de que el choque había sido desastroso, que mi cuerpo había dejado de moverse y estaba paralizado, que ninguna persona me acompañaba para ayudarme, que estaba atravesando una fuerte tormenta,  aquella paz sobrenatural me sostenía, no había ni temor, ni angustia en mi , me sentía segura, fuerte, cuidada, con una lucidez y tranquilidad impresionante, sí, tenía una paz plena, mi mente estaba muy por encima de aquellas dolorosas circunstancias, era como si mi alma hubiera volado hasta las alturas de Dios , como si estuviera  en el trono de Dios aunque mi cuerpo estaba allí, dentro de aquel carro hecho una pasa.  La paz de Dios hizo guardia alrededor mío y  se  levantó como un muro de protección sobre todos mis pensamientos y emociones, esto pudo ser posible porque yo le pertenecía a Dios, porque  había hecho un pacto con mi Señor Jesucristo y clamé a El en mi angustia y El acudió en mi ayuda, me respondió inmediatamente y  viví lo que dice la Palabra en Filipenses 4:7 –“ Regocijaos en el Señor siempre…por nada estéis afanosos, sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con oración y suplica y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras pensamientos en Cristo Jesús.

 Han pasado 7 años  desde el accidente y, a pesar de que áreas de mi cuerpo aún están paralizadas, otras partes, milagrosamente Dios les ha dado vida y movimientos. El continúa sosteniéndome fuerte, El ha sido mi refugio, mi consuelo en el dolor, en mis limitaciones, mi ayuda en la adversidad, he visto como El extiende Su poder en medio de mi debilidad y con Su luz y Su amor me quita la carga cada mañana,  me levanta y me llena de paz.  ¿Qué sería de mi si Su paz no cubriera mi vida? Con seguridad les digo que sin El, estaría atribulada, hundida, con la mirada puesta en todo lo que no funciona en mi cuerpo, derrotada, vencida, amargada y amargando a los que me rodean, en temor, angustia, depresión, atormentada por la parálisis,  pero, doy gracias a Dios que El venció en la cruz por mi y me ha enseñado  a permanecer en El para disfrutar esta maravilloso  paz que solo Dios puede dar.  

Hoy le animamos a rendirse a Jesucristo, a  vencer con El sobre la adversidad, a disfrutar del precioso regalo del “shalom” -palabra hebrea que significa paz-,  y oramos para que el shalom de Dios, que está por encima de la guerra y el conflicto, sea un centinela que monte guardia ante su corazón y su mente para impedir que sus pensamientos y  sentimientos  sufran, se llenen de ansiedad y se hundan en abismos de depresión. Oramos para que el shalom traiga armonía, integridad, firmeza, bienestar, plenitud y éxito en todas las esferas de su vida, en su alma, en todo lo que le rodea  y en su relación con Dios. Oramos para que nuestro Dios y  Señor de paz, siempre le conceda paz en todas las circunstancias. ¡Que El Señor siempre reine en su vida! 

Dra. Jeannette Quesada de Sierra

Consejera Familiar y de Pareja

Pastora Iglesia Bilingüe Lighthouse, 5202 Regent St.- Esquina de Regent St. con Whitney Way, Madison WI.  Visítenos, Culto los domingos – español - ingles- a las 10:30 am. Para ayuda llámenos! Tel. 445-13-17    This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it